viernes, 11 de julio de 2008

*** CARTA DE RECONCILIACION ***



*** CARTA DE RECONCILIACIÓN ***

Fuiste mi primer novio real.
Fuiste el primero a quien besé, en aquellos tiempos cuando me preguntaba por qué el momento nunca se había dado. Aquellos cuando idealizaba a los hombres, a las personas y al amor.
Estuviste conmigo cuando ya siendo joven, aún era niña, y creía en la totalidad de las palabras de las otras bocas y en las promesas soñadoras.
Te quise demasiado, eso lo sé, y eso creo que lo sabes tu también.

Ambos cometimos pecado.
Yo el dulce pecado de lidiar con todos por tu nombre, junto con el pecado de la indiferencia y el de ser crédula. Cometí el pecado de la primera vez, el pecado de ver todo color rosa, el pecado de la negación, el de no ver, el de seguir sin pies, el pecado de creerte. Mas entiende, era una niña, y tú le prometiste la luna.

Tu pecado fue la inseguridad, la mentira, las promesas idílicas rotas. Tu pecado fue el de incluir a tu familia en el escenario del teatro, fue aparentar una imagen falsa, fue realmente comerte el papel de la historia.

A veces pienso que tú y yo pudiésemos ser iguales en algún momento.
A veces creo que uno de tus pecados pudiese convertirse en el mío también: el pecado de la traición. Yo pudiera traicionar, quién sabe, pero si lo llegara a hacer, compartiríamos el mismo pecado.

Los pecados que nunca compartiremos son aquellos que te hacen figurar en el libro de récords de mi memoria. Por eso eres quien eres. Por eso fuiste quien fuiste.
Yo pudiera cometer perfidia, yo pudiera llegar a ser desleal, pero tú ganas y te destacas por ser un mimo, un bufón, un gran actor.

Ideaste un primer personaje ficticio, como carta de presentación. Después lentamente se desenmascaró tu verdadera personalidad y me volviste a defraudar.

Tú fuiste todos los tipos de actores en uno solo, creaste tu propia tragedia y comedia, y quisiste que todos participáramos y fuéramos actores en ella.
Figuras donde estás por crear una obra imitación de Shakespeare, por producir una novela. Por actuar y ser el guionista a la vez. Por llevar tu enfermedad, tus miedos, inseguridades, orgullo, hipocresía, machismo... a sucesiones inimaginables.
Por tratar de aplacar tu dolor con el mío, por intentar conmutar uno por el otro. Por hacerme sufrir hasta sentirte engrandecido, por hacerme disculparme mientras tú eras el de la deslealtad.
Por intentar cautivar a muchas para cubrir lo poco que te sientes, para adornarte entre falacias, como un actor se disfraza, y creerte la mentira.
Por elevarlo todo a gran escala en un corto tiempo que fue tan largo, tanto como para que aún te lleve en mis recuerdos de la forma en que lo hago... o lo hacía. Con rencor, con una sensación parecida al odio.

No podría traicionar como tú lo hiciste. Sólo alguien que actúa de tal la forma es quien precisa de algo considerable en su interior. Un vacío que tan sólo llenas como un caníbal, comiendo de otros para saciar tu hambre, y tus penas.

Sin embargo, con tus actuaciones enigmáticas y tu falsía, con tu manera ruda de hacerme ver las cosas, eres mi maestro. Por ti comencé a abrir los ojos al mundo, por ti ahora tengo miedo, por ti ahora tengo cautela, por ti ahora sé que el mundo no es como aparenta serlo, y que las personas no son lo que dicen ser.
Me preparaste para el comienzo de lo que es afrontar máscaras, trampas, disfraces y camuflajes. La vida en sí, y las diferencias que creamos unos con otros, para poder distanciarnos y luego colapsar.

Sí, ganaste el premio al mayor mentiroso, actor melodramático, incapaz y empalagoso ser con labia que he conocido; pero siempre habrán muchos iguales, o parecidos y hasta peores. Siempre los hay y los habrá por ahí, y yo me topé contigo, para que de la peor manera fueras mi mejor instructor. Así, con rudeza, es que se aprende.

El misterio no será resuelto, pero me cansé de hacer el papel de tu detective, y de perseguir todas tus huellas, y de repasar en el tiempo lo que pasó y lo que no ocurrió, lo que dijimos y callamos, lo que los otros dijeron; las hipocresías y las falsedades.
Me harté. No existe un nombre específico, un por qué definido, ni un cuándo con números. No hay una actitud con definición. No hay señales para un detective, ni fundamentos para un médico, ni verdades para un psicólogo en este caso de pistas y mentiras.
Y si los hay, ya busqué los que necesitaba para crear una hipótesis, valorizarla, y apartarla de mi mente para continuar.

No puedo seguirte odiando, eso me consume.
Solamente debo lamentarme un poco por ti y por tu familia, reírme de mi dulce ingenuidad, y dejarte ir.
Para qué voy a gastar mi tiempo en odiarte, si ya tú debes gastar suficiente en el intento de no hacerlo? Existir en tu propia piel debe ser un trabajo difícil.

Esta es una carta de perdón, de reconciliación. Aunque no lo parezca, o aunque lo parezca demasiado.
Vamos a hacerlo, o al menos yo por mi parte, lo intentaré hacer contigo,... con lo que queda de ti. Voy a reconciliarme con tus fantasmas.
Me cansé de tenerte rencor y sobretodo resentimiento y rabia, que hacen exaltar mi cólera y mis ansias de ajustar las cuentas.
Me sentí en desventaja, mi honor en menoscabo, mi orgullo en descrédito.
Mantuve una pugna contigo y tus remembranzas, por mucho tiempo.

Muchos pueden mentir, algunos ser infieles, pero nadie como tú, nadie.
Esa es la diferencia entre tú y yo, entre tú y los demás.

Aseguro que no estás consciente ni de la mitad de lo que has logrado, ni de lo que has destruido, ni de lo que has hecho. Sobrevives en el desconocimiento, en la ignorancia; vives de la supervivencia. Por eso no sabes las consecuencias de tus pasos, ni de tus actos; simplemente actúas y te largas.

Pero tú también vas a aprender, esta vida nos hace aprender a todos. No soy yo quien ajustará nuestras cuentas, más bien, ya no deben existir entre nosotros. No sé si serán otros lo que lo hagan, o tal vez nadie, pero las cuentas que hubieron entre tú y yo, ya fueron saldadas. Con el tiempo, y el perdón, con las ganas de continuar.

No puedo seguirte odiando, eso me consume, me dificulta avanzar.

Las personas nos hacemos daño, nos dejamos llagas, heridas y rasguños. Fisuras y cráteres en al memoria. Unas a otras chocamos, a veces demasiado, en los diversos intentos de encontrar lo que no sabemos que buscamos, en los de entendernos y en los de convivir.

Tú y yo chocamos hace mucho tiempo.
Déjame suturar la herida, permíteme cerrarla y simular que la olvidé.
Déjame no recordarla y tomar del sufrimiento el aprendizaje necesario. Te lo deberé, o más bien, no te debo nada. Ni las gracias, ni mi comprensión, ni el entendimiento. No nos debemos nada más, solamente un perdón...

2 comentarios:

belbys suarez2 dijo...

El amor que palabra ten grande para lo que nosotros los sere humano no sepamos aprovecharla del todo. es mucho lo que escrito esta sobre esta palabra de cuatro letras, pero lo que dice carta de reconciliacion ees solamente lo que podemos llegar a sentir si esperamos mucho a esa persona que con el tiempo y la indiferencia se va convirtiendo en el mas grande resentimiento.
felicidades angel de amor por tan sinceras y profundas palabras, llegas de verdad a los corazones que como tu en un momento de nuestra vida estuvimos sufriendo por un amor. primero reconciliarme conmigo misma para despues recconciliarme con un pasado.

tamara madina dijo...

Mee encanto grracias.